El otro día escuche una historia de un pastor que fue a visitar una iglesia, este pastor acostumbraba a disfrazarse para entrar en las iglesias que era invitado, se vistió igual a un mendigo y se sentó en la parte de atrás de la iglesia con una mano extendida y lo sorprendente es que nadie le dió un céntimo. No lo hizo para pedir sino para medir la bondad que las personas que asisten. Ninguna persona pasó la prueba a sabiendas que somos probados en cada momento para medir nuestra voluntad, nuestra fé.
ROMANOS 11, 22
22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad
ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si
permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.
LUCAS 6, 38
38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y
rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os
volverán a medir.
2 CORINTIOS 1- 10
1Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la
de la oración.
2 Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada
día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de
los que entraban en el templo.
3 Éste, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a
entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.
4 Pedro, con Juan,
fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.
5 Entonces él les estuvo atento, esperando
recibir de ellos algo.
6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que
tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
7 Y
tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies
y tobillos;
8 y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el
templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.
9 Y todo el pueblo le vio andar
y alabar a Dios.
10Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a
la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que
le había sucedido.